La vista y el cuerpo están más conectados de lo que parece. Ajustar la silla o la altura del monitor puede aliviar tensiones oculares que no esperabas.
Cuando el monitor está demasiado alto, inclinamos la cabeza hacia atrás para ver la pantalla. Esa posición tensa los músculos del cuello y de la parte alta de la espalda. Esa misma tensión llega hasta los músculos de alrededor del ojo, reduciendo su flexibilidad y aumentando el cansancio visual.
Si el monitor está demasiado bajo, nos inclinamos hacia delante. Eso acerca los ojos a la pantalla sin que nos demos cuenta, lo que obliga a los músculos ciliares a contraerse con más fuerza para mantener el enfoque cercano durante horas.
El ángulo correcto es aquel en el que la cabeza queda en posición neutral, sin inclinarse ni hacia arriba ni hacia abajo, mirando hacia el centro de la pantalla o ligeramente por encima del borde inferior. Esa posición permite que los párpados cubran más el ojo, lo que reduce la evaporación y el ojo seco.
Los portátiles concentran en un solo dispositivo dos problemas clásicos: la pantalla suele quedar demasiado baja cuando el teclado está en la posición de escritura. Para ver bien la pantalla hay que bajar la cabeza; para escribir cómodamente, hay que bajar más los brazos. Es un compromiso que siempre sale perdiendo.
La solución más efectiva y económica es elevar el portátil sobre un soporte o incluso una pila de libros, y usar un teclado y un ratón externos. Así la pantalla puede estar a la altura correcta sin sacrificar la postura de escritura.
Si trabajas mucho tiempo con portátil sin monitor externo, ese ajuste probablemente marcará más diferencia en tu cansancio visual que cualquier otro cambio que puedas hacer.
Hay condiciones del entorno que agravan la fatiga visual y que tienen soluciones muy sencillas
Los ambientes secos o con calefacción fuerte aceleran la evaporación de la película lagrimal. Los ojos se resecan más rápido aunque se parpadee con normalidad. Mantener cierta humedad en la habitación o ventilar con frecuencia ayuda.
Beber poca agua durante el día afecta también a la producción lagrimal. No es el factor más determinante, pero en personas que trabajan muchas horas con pantallas y beben poco, puede marcar una diferencia en la sensación de sequedad ocular.
El aire acondicionado o los ventiladores apuntando directamente a la cara aceleran la evaporación lagrimal considerablemente. Redirigir el flujo de aire para que no impacte en la zona facial puede reducir la irritación y la sequedad.